DE LA DESESPERANZA EN UNA DE LAS ESFERAS MÁS PEQUEÑAS DEL UNIVERSO


“CAPÍTULO V”


Hay seres que como tu continúan creciendo no por esperanza, sino por una extraña inercia del sufrimiento. Despiertan cada día con el cansancio de haber comprendido demasiado, como si la conciencia fuese una enfermedad que nunca termina de consumirlos, la vida les ocurre encima, lentamente, mientras algo en su interior se deteriora en silencio. Nada los sostiene realmente, ni el futuro, ni la fe, ni los dolores humanos, pero, aun así, siguen respirando, como ruinas que el tiempo olvidó derribar por completo. En ellos, la melancolía ya no es emoción, sino una forma más lúcida de percibir el mundo. Y aunque todo alrededor insiste en continuar, su alma permanece detenida en algún lugar oscuro del pasado, allí donde comprendieron que existir también puede ser una manera lenta y silenciosa de desaparecer, sin embargo, es precisamente en esa devastación donde nace la desesperanza como última forma de fortaleza, no como refugio, sino como la fría dignidad de quien, habiéndolo perdido todo interiormente, todavía encuentra fuerzas para mirar el abismo sin cerrar los ojos.